



En una cajita de fósforos se pueden guardar muchas cosas
Muriel Barcos
16 de agosto de 2025 | 18 de octubre de 2025
En una cajita de fósforos se pueden guardar muchas cosas es un poema que forma parte del libro El reino del revés de María Elena Walsh publicado en 1964, el mismo año, coincidentemente (¿o no?), de la aparición de la historieta Mafalda, de Quino, en el semanario Primera Plana. En esas estrofas, Walsh realiza una propuesta al empoderamiento de la sensibilidad en la que intimidad, inteligencia emocional, espíritu crítico y fantasía se dan de la mano. Allí, la autora extiende a las personas curiosas y juveniles un acto de rebeldía: coleccionar, guardar, alojar y cuidar objetos diversos como carozos, tachas e hilachas, entidades naturales e incluso una lágrima en una cajita de fósforos sin la autorización más que la de unx. Muriel Barcos se hace eco de esta premisa y, en el anudamiento entre imaginación artística y ternura, la resitúa en otro contexto. Así, en esta exhibición reúne obras donde combina técnicas del telar, la cerámica y el dibujo para configurar escenas que expanden el pequeño formato por la escala de sus características narrativas. En ellas, diversos personajes caninos llevan adelante acciones ligadas al ocio y la recreación en hábitats de evocación a paisajes naturales con un sesgo lisérgico y postapocalíptico. Lxs vemos cruzando puentes, bañándose en pelopinchos, acampando y tomando sol, descansando, estando juntxs mientras se hamacan y divierten. Están inmersxs en el entorno, habitándolo. Estas acciones se desarrollan en cerámicas y dibujos, que se integran a textiles en los que sus estructuras geométricas alojan reminiscencias a la abstracción, cortes estratigráficos de la tierra, vistas aéreas de paisajes. Cada pieza configura un todo que invita a discurrir con la mirada sus múltiples narraciones. En estos episodios, entonces, el canino se convierte en personaje que circula por distintos contextos. Se aloja en territorios ocupándolos de diversas maneras. Narra una historia en la que el tiempo es su aliado sin explicitar los deseos que motivan el desarrollo de la trama, aunque allí pareciera no haber conflicto, sino pertenencia, abrigo y una sutileza que abraza e invita a hacerse cargo del tiempo y los espacios desde otras perspectivas. Dentro de estas coordenadas, Barcos propone la potencia de la ternura en un presente tensionado por una crisis de sentido inusitada que abreva por reevaluar las relaciones con el territorio. Así, el gesto de dejar contarse una historia aparentemente inocente, conectar con el saber hacer en la configuración imágenes y narraciones, detectar rasgos amorosos y pícaros en las diversas escenas resulta una propuesta de compromiso. Es el empoderamiento de la cordialidad como una manera de plantar posición frente al desguace de los recursos naturales y las tensiones ante el uso del tiempo que nos plantean.
Texto por
Sebastián Vidal Mackinson
